DIALOGANDO CON LA PRÁCTICA




Las relaciones escuela-comunidad y los vínculos de la escuela con el entorno social: el asociacionismo y la inclusión


José Antonio Torres González


 

Creo que podemos estar de acuerdo en que la educación no siempre dependió de la institución escolar. Durante muchos siglos las sociedades utilizaron mecanismos diferentes a la escuela para reproducir sus valores y sus maneras de pensar. La manera de ver el mundo de esas sociedades estaba regulada por un conjunto de rituales que no tenían que ver con un maestro, un salón y unos estudiantes recibiendo clase de lectura o de geografía. La historia de la educación había tenido, antes de nuestra era moderna-occidental, otro tipo de prácticas, de instituciones y de sujetos que la hacía incomparable a la que hoy tenemos.

 

Actualmente su función de agencia socializadora política no puede ser soslayada y se enmarca con mucho vigor en sociedades altamente complejas. A esto se debe la preocupación y la insistencia en la discusión de temas sobre ética, valores y educación pluricultural que se han generado en el campo educativo en los tiempos actuales.  En este sentido hemos de manifestar que parece  claro que las instituciones educativas no son vistas hoy como precondición, en sí mismas, de la construcción o cambio en las formas de participación y actitudes sociales, sino más bien son integrantes de un complejo proceso de constitución de la vida social. Es conveniente no olvidar este planteamiento para que no se reincida en expectativas desmesuradas y voluntaristas respecto a los procesos educativos, en cuanto generadores de cambios sociopolíticos, como también en un desperdicio de los mismos en términos de coadyuvar tales cambios. La educación debería promover estilos de vida que impliquen demandas de participación y exigencias crecientes. La escuela para todos, no aislada, que refleja la vivencia amplia de sus actores, constituidos en una pluralidad de sujetos sociales, podría ser resultante de esta propuesta de escuela y sus tareas inseparables de socialización y formación para el acceso al mundo laboral. Bajo este concepto la educación establecería las relaciones adecuadas con otros espacios de actividad, y se constituiría en elemento central para el desarrollo social, abandonando propuestas aisladas y voluntaristas.

 

Surge así el ámbito de las relaciones escuela-comunidad y los vínculos de la escuela con el entorno social: el asociacionismo y la inclusión. Desde las premisas de participación y comunidad, la inclusión aparece como un proceso dinámico en el que todas las personas están llamadas a participar. Estar incluido supone participar tanto en la comunidad social como en el contexto educativo. En este sentido las relaciones escuela comunidad tienen un papel preponderante en el diseño y desarrollo de propuestas y alternativas encaminadas a promover procesos de inclusión educativa y social. Por tanto, es necesario reflexionar sobre los vínculos y los lazos relacionales entre escuela y comunidad, entre escuela y contexto, con la finalidad de generar nuevas perspectivas que amplíen el horizonte de la escuela en el espacio público analizando el papel de las organizaciones sociales en el desarrollo de procesos de inclusión educativa.

 

En la actualidad son numerosas las personas y organizaciones que desarrollan su trabajo en el sector público y privado llevando a cabo tareas de cooperación en diferentes espacios de la vida social y comunitaria, especialmente en este caso, en el ámbito de la educación. Así podemos constatar, organizaciones del sector público (municipios, centros de salud, escuelas, instituciones universitarias, etc.) y del sector privado (organizaciones no gubernamentales, organizaciones sin ánimo de lucro, centros de empleo, etc.). Este tipo de organizaciones favorecen, sin duda, la participación de la ciudadanía y complementan las políticas que emanan de las instituciones oficiales estatales con la finalidad de mejorar las oportunidades educativas de los niños y niñas que se ubican en contextos de deprivación socioeconómica y cultural.  En este sentido, cualquier proceso de intervención comunitaria ha de ser integral cuya principal característica es que se genera en un espacio físico concreto en el que las personas participan de manera activa en la transformación de su realidad a partir de problemas específicos que se dan en cada contexto.

 

Son, por tanto, múltiples los agentes que bajo el paraguas de la corresponsabilidad dirigen sus esfuerzos hacia la inclusión educativa y social y que justifican la colaboración en proyectos educativos y sociales inclusivos. PODEMOS REFLEXIONAR SOBRE la escuela como una comunidad de intereses compartidos en la que todos los miembros participan y colaboran.

 

 

 

 

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